¿Cómo evitar que los bebés lloren durante el viaje en avión?

Hay una polémica situación que tiene lugar con frecuencia en los viajes en avión: los niños que lloran durante el viaje. La convivencia con bebés que no paran de llorar durante los viajes en transporte aéreo, es difícil y genera controversia: por un lado, los más intolerantes se sienten profundamente ofendidos por esta molestia y los más empáticos, comprenden y defienden esta situación, porque al fin y al cabo se trata de niños. Y, por otro lado, los padres de la criatura que llora, se sienten incómodos, notan cada una de las miradas asesinas que se dirigen contra ellos, mientras se dan cuenta de que su retoño no va a cerrar la boca y ellos ya se están quedando sin recursos.

Mientras tanto, las líneas aéreas no toman partido ni llevan a cabo ninguna medida al respecto, dejando que los padres se defiendan y carguen con su responsabilidad.

Sea cual sea nuestra opinión, lo cierto es que se trata de una de esas situaciones que es mejor no vivir.

Es cierto que durante el viaje en avión los oídos se taponan debido a la presión y esto puede poner muy nerviosos a los bebés. Una solución es dar el pecho o el biberón al bebé cuando el avión ya haya despegado y podamos tomar al niño en brazos, ya que esto ayudará a que se destapone los oídos. También, a pesar de la situación, debemos intentar mantener la sangre fría y no ponernos nerviosos.

Como evitar que los niños se porten mal durante el viaje en avión

Si los llantos de los bebés pueden crispar los nervios de los viajeros más tranquilos, el mal comportamiento de los niños durante los vuelos, simplemente enfada, y mucho. De nuevo nos encontramos con dos grupos: el de los intolerantes, a los que les molesta hasta una carcajada infantil y los empáticos, que entienden que los niños son inquietos y les resulta difícil mantenerse quietos en un espacio cerrado durante mucho tiempo.

Por otro lado, están los padres, a los que les resulta cada vez más difícil imponer disciplina, cuando notan el reproche en las miradas del resto de los pasajeros.

Evitar que los niños se porten mal en el avión es posible, y es más fácil que conseguir que un bebé deje de llorar.

Si tienes hijos de los que nos paran, aquí algunos consejillos

  • El briefing: antes de entrar en el avión hay que dar al niño un pequeño discurso con las normas del viaje: nada de dar patadas al asiento de delante, nada de gritar y no desabrocharse el cinturón de seguridad.
  • Hermanos: para evitar que los hermanos se peguen, discutan o se pongan nerviosos entre ellos, tienes dos opciones: sentarte en medio o directamente que cada uno de ellos se siente en una fila distinta, acompañados de un adulto.
  • Distraerles. Esta es la parte más difícil, porque a veces los padres tienen que luchar contra el sueño, sobre todo si se ha tomado un avión muy temprano. Ir contándoles lo que pasa en el avión, el proceso, mirar por la ventana…pero ojo, siempre hay viajeros a los que les puede molestar que subas el tono de voz
  • Traer juegos. El equipaje de mano no es infinito, pero llevar algunos juegos de mesa magnéticos, de cartas o si son más pequeños material para dibujar y pintar, puede ya hacer que el niño se entretenga un ratito más
  • Armarse de paciencia. Si te pones nervioso ante la reacción de los demás pasajeros, los niños lo notan y se ponen más nerviosos aún y se crea el indeseado efecto bola de nieve. Hay que aprender a “pasar” un poquito, para no empeorar las cosas.

Por último, tanto si nos identificamos con el intolerante, el empático, o el progenitor, debemos ser compresivos. Como pasajeros hemos de comprender que el mundo se compone de grupos de gente de diferentes edades y de comportamientos diversos. Todos hemos sido niños impacientes alguna vez, y a menudo se nos olvida. Como padres, debemos entender que los demás viajeros no tienen por qué sufrir patadas en el asiento por parte de nuestros hijos, aunque sean involuntarias, o sus gritos y nuestra obligación es hacer lo que esté en nuestra mano para que su comportamiento sea lo más respetuoso y adecuado posible. La convivencia se basa en el respeto y la compresión, y todos los que hemos viajado en avión tenemos anécdotas de adultos que tampoco han sabido comportarse.

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